El último romántico seguía enviando cartas por correo ordinario, conservaba sus películas preferidas en VHS y escuchaba sus venerados vinilos en una inmaculada gramola. No aparecía ni en twitter ni en facebook y prefería la biblioteca antes que la wikipedia. Chatear para él era algo extraterrestre y aún poseía en casa su teléfono de disco. El día en que encontró todas sus nostálgicas pertenencias esparcidas por el suelo, corrió a su habitación, se arrodilló frente a su cama y levantó el colchón. Su corazón se fue desacelerando lentamente, al comprobar que miles de Hernán Cortés le devolvían la mirada.
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MICRORRELATO: "Zapatero"
viernes, 1 de julio de 2011
Al poco tiempo de empezar la crisis, ya había quien le susurraba al oído que era mejor colgar las botas. “Ya está bien José. Retírate” -le decían. “Si total, con el dinero que has hecho tienes para vivir como un rey el resto de tu vida. Perdón, José, como un rey no, como un señor, quería decir” –se corregía sobre la marcha su más fiel asesor. “¿No ves que a la gente ya no le importas?”-le recordaba todas las noches su mujer. “Si vas a mantener cueste lo que cueste este chiringuito perderás mucho crédito” –afirmaban sin ningún tipo de tapujos sus amigos entre vino y aceituna. Pero todos sabían que José era un tozudo. Que por mucho insistir, él se iba a levantar como todos los días, a las seis de la mañana, para asearse, desayunar y leer la prensa. Ritual que repetía desde hacía treinta y cinco años, antes de abrir su zapatería.
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MICRORRELATO: "Voyager"
lunes, 27 de junio de 2011
En letra pequeña se podía leer en todas las agencias de viajes: “No nos responsabilizamos de los posibles percances sufridos a consecuencia de los innumerables conflictos armados, de la elevada contaminación y de la hostilidad con la que reciben al extranjero”. Era por ello, que la sonda Voyager deambulaba fuera de nuestro sistema solar con más pena que gloria.
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Como todas las noches, Manuel entró en el cajero automático. Comprobó lo que había ganado, lanzó varios tacos al aire y maldijo a medio mundo. Antes de depositar sus ahorros, pasó el cierre de la puerta. Luego, dio un último trago de vino caliente y escondió en una bolsa el vaso con las escasas monedas. Las cámaras lo grabaron todo. Tendido sobre el suelo, oliendo a heces y a orín, lo encontraron. Muerte natural, dijeron.
MICRORRELATO: "Natural"
jueves, 23 de junio de 2011
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MICRORRELATO: "Indignados"
domingo, 12 de junio de 2011

¡Esto no puede seguir así! ¡Están deformando el sentido de democracia que tanto amamos! ¡Hay que recordarles quién tiene aquí el poder! ¡Basta ya de inacción! ¡Basta ya de sumisión! ¡Basta ya de quedarnos sentados viendo como esta lacra arruina nuestro presente y nuestro futuro! ¿Quiénes se han creído? ¡Maldita población indignada! ¡Bastante hacemos con dejarles votar!
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Cuando el tribunal emitió el veredicto, todo el mundo intuyó que se había cometido el mayor fallo del planeta. El juez golpeó dos veces con su martillo sobre la base de madera y se levantó con la sospecha palpitando en la sien. De camino a la puerta, aquel juicio se había convertido en una procesión de Viernes Santo. Los acusados, entre muecas y burlas, abandonaban su jaula de cristal como pájaros atrofiados. Cambiar de nombre. Eso les bastaba para volver a ser legales.
MICRORRELATO: "Mismo perro"
jueves, 19 de mayo de 2011
Cuando el tribunal emitió el veredicto, todo el mundo intuyó que se había cometido el mayor fallo del planeta. El juez golpeó dos veces con su martillo sobre la base de madera y se levantó con la sospecha palpitando en la sien. De camino a la puerta, aquel juicio se había convertido en una procesión de Viernes Santo. Los acusados, entre muecas y burlas, abandonaban su jaula de cristal como pájaros atrofiados. Cambiar de nombre. Eso les bastaba para volver a ser legales.
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MICRORRELATO: "Fotomatón"
miércoles, 4 de mayo de 2011

Es mi turno. Entro y hago lo posible por ocultar mi identidad. Me siento. Una voz mecánica me pide que sonría. No le parece suficiente y me aconseja que dibuje mayor curvatura hasta llegar a la concavidad recomendada. Clic, clic, clic. Revelando, espere unos segundos –me dice la amable grabación. Salgo del habitáculo. Espero...Ahí están. ¡Vaya! Una sonrisa perfecta, una mirada radiante, un peinado impecable y un escote imponente. Solo una pega. No son mis fotos.
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