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Carlos Pérez
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"Cuando la realidad se vuelve irresistible, la ficción es un refugio. Refugio de tristes, nostálgicos y soñadores"

Mario Vargas Llosa

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MICRORRELATO: "Plato frío"

lunes, 31 de mayo de 2010


Desde que les atendió por primera vez al entrar en el restaurante, Miguel supo que conocía de algo a aquel camarero. Aprovechó el tramo desde la zona de espera hasta la mesa reservada en la terraza para fijarse con detenimiento en sus gestos y forma de hablar. La extrema cortesía y el rigor de su vocabulario, sello distintivo de la casa, hicieron que se perdiera en vagos y contradictorios recuerdos. Ya me vendrá a la memoria, se dijo y cogió las manos de su mujer para dedicarle una sonrisa. Aquel almuerzo lo habían programado para celebrar sus veinticinco años de matrimonio. Sin duda, no era un día para comidas frugales y optaron por platos copiosos, obviando precios. Durante el paseo de la sobremesa, aún conservaban el regusto de la flor de huevo, el tartufo en grasa de oca y los langostinos rebozados con dátiles. Todo servido en plato frío. Sin embargo, Miguel sólo pensaba en la mirada inquietante del camarero al despedirse. Notó un brillo en sus ojos que desprendían cierta malicia. Por la noche, mientras intentaba dormirse, fue cuando logró adivinar de qué lo conocía. Se trataba de Oscar, un viejo compañero del colegio. Aquel muchacho al que le gastaban bromas pesadas todos los días. Miguel volvió a pensar en la flor de huevo, el tartufo en grasa de oca y los langostinos rebozados con dátiles, pero ahora no le parecían tan apetitosos.
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MICRORRELATO: "Prime Time"

martes, 25 de mayo de 2010

Siempre había deseado salir en televisión y que lo vieran miles de personas. De pequeño soñaba con sus cinco minutos de gloria recogiendo un premio entre aclamaciones y aplausos. O siendo entrevistado tras encestar la canasta decisiva que diera la victoria a su equipo. Sin embargo, no eran estos los motivos que lo colocaban frente a la cámara. La gloria se tornó en infierno cuando, después de confesar, notó la sequedad rodeando su garganta. Bajó la cabeza y, en la oscuridad de aquella capucha, supo que tras meses de continuas vejaciones, ya solo le quedaba el último castigo. Un consuelo frío se apoderó de él antes de que la soga se tensara
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MICRORRELATO: "Terror aéreo"

martes, 11 de mayo de 2010

Todas las personas que abarrotaban la cola de embarque dirigieron su mirada a los televisores del aeropuerto cuando el informativo dio la noticia. Eran imágenes terroríficas, sin ningún tipo de escrúpulos y complacientes con el dolor. Propias de un canal amarillista. Cincuenta y siete pasajeros muertos en un accidente de avión del cual se desconocen las causas, era el titular que se podía leer sobreimpresionado en las pantallas. La cola empezó a avanzar lentamente entre una marea de comentarios, mientras observaban el fuselaje del avión siniestrado, partido como una barra de pan. “La probabilidad de morir en accidente aéreo es ridícula, una entre cincuenta y dos millones” –indicó un hombre de corbata y maletín, intentando transmitir serenidad. “Ahora sólo falta que nos pongan Aterriza como puedas durante el vuelo” – añadió un joven entre su grupo de amigos provocándoles una risa desproporcionada. Sólo una persona en aquella hilera humana no lograba camuflar la inquietud. En su rostro había signos de nerviosismo. Sudaba, tenía un tic en el labio superior y repetía, por lo bajini, unas palabras, casi sin mover los labios. Sin embargo, era el único al que la noticia no le había causado ningún sobresalto. Estaba decidido a volar y nunca había temido a la muerte. Durante varios años había soñado con llegar tan lejos.
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MICRORRELATO: "Alzheimer"

miércoles, 5 de mayo de 2010

Ernesto no deja de recibir llamadas, mensajes y correos electrónicos. Camina dejando una estela de Acqua di Gió, nicotina y alquitrán y va vestido como lo requiere su status laboral, de punta en blanco, con una pulcritud extrema y el pelo peinado hacia atrás, petrificado por la gomina. Es una mañana como otra cualquiera. No hay una conversación telefónica en la que deje de mencionar términos como: acción, liquidez, beneficio, vencimiento o capital. Suena nuevamente el móvil y habla a través de sus auriculares bluetooth.

- ¿Quién es?

- Hola, buenos días, ¿Ernesto?

- Sí, soy yo, Buenos Días, ¿quién me llama?

- Mi nombre es Gemma, le llamo de la Residencia San Ignacio.

- ¿De dónde, perdón?

- De la Residencia San Ignacio. Quería decirle que su padre últimamente ha experimentado algunas mejorías y hemos pensado que quizás querría saberlo.

- Ah, sí…sí, por supuesto. Es que me ha pillado usted con la mente en otra parte, disculpe. Dígame.

- Bueno, no se preocupe. Verá, su padre está teniendo recuerdos muy lúcidos estos días y ha preguntado varias veces por usted. Es increíble, pero nunca, en el tiempo que lleva aquí, se había acordado que tenía un hijo. Ojalá pueda venir mañana. Estamos preparando su fiesta de cumpleaños.

- Ah, genial. Haré todo lo posible por estar. Gracias por todo, de verdad.

- Gracias a usted, Ernesto. Un abrazo y que tenga buen día.

- Igualmente. Adiós.

Ernesto sigue caminando. Por un momento, trata de recordar cuando fue la última vez que visitó a su padre. De nuevo suena el móvil.

-¿Quién es?...Hola José Andrés. Buenas noticias, las acciones están subiendo y gozamos de liquidez. Sin duda será un año de beneficios. Además, tenemos capital de sobra para pagar nuestras amortizaciones antes de los vencimientos. Así que ve preparándote. Hay que celebrarlo.

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MICRORRELATO: "Corazonada"

martes, 27 de abril de 2010


Como de costumbre, Don Fernando sacó su chaqueta de los domingos, la sacudió, le pasó la escobilla y la colgó en el tendedero para que se aireara. Se la pondría después de almorzar siguiendo un ritual que repetía escrupulosamente desde hacía años. Lo primero era acomodarse bien su escaso pelo intentando camuflar lo más posible la calvicie. Para ello se valía de un peine de plástico marrón al cual le faltaban varias púas. Luego introduciría la quiniela en el bolsillo interior de la chaqueta y listo. Estaba preparado para ir a la asociación de vecinos y jugar su habitual partida de cartas, apostando lo mínimo. Ese día, como siempre, no ganó nada. Don Fernando abandonó la partida y se sentó cerca del televisor para terminar de ver el encuentro entre el Real Madrid y el Tenerife. En ese instante, se mostraban los resultados de los partidos finalizados. Don Fernando apuntó con discreción las casillas definitivas de la quiniela y se fue al baño. Allí, aislado de cotillas y alcahuetes, como los definía él, comprobó el número de aciertos que tenía. A medida que bajaba el dedo por la columna, la intensidad de los latidos iba incrementándose. No lo podía creer pero, salvo el pleno al quince que aún estaba por concretar, había dado en el clavo en los catorce encuentros. Y todo, sin dobles y triples apuestas. Eso ya era despilfarrar, opinaba Don Fernando. Se limpió el sudor de la frente con su pañuelo almidonado y volvió a la silla. Esperaba que su corazón no le fallara. Contra todo pronóstico, había puesto que el Tenerife ganaba, fuera de casa, al primero de la liga. El partido lo vio mordiéndose la lengua e intentando aparentar tranquilidad. Si iba a ser rico, no quería que ningún viejo aprovechado le incordiara. Se mantendría en el anonimato. “Minuto 89 y el resultado sigue como al comienzo. Un punto de oro para el Tenerife y un fracaso estrepitoso para el Real Madrid” –pudo escuchar entre el griterío de la sala. “¡Atención! ¡El árbitro decreta penalti a favor del Tenerife!” –continuó el locutor. Don Fernando sintió un calambre en las piernas. Le faltaba la saliva. El jugador del Tenerife cogió carrera para el lanzamiento y Don Fernando se puso de pie a duras penas, cerrando los puños. “¡Gol! ¡Gooooooooool!” –fue lo último que escuchó antes de marcharse sin decir adiós a nadie, propio de él. Los periódicos del lunes recogieron la noticia. “Un boleto sellado en Tenerife único acertante del pleno al quince con 2,4 millones de euros”. La foto del ganador aparecía en la página siguiente, junto al resto de desafortunados. Allí estaba Don Fernando con su chaqueta de los domingos. Al final el corazón sí le había fallado.
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MICRORRELATO: "Medidas estructurales"

jueves, 22 de abril de 2010


Todo empezó hace unos meses con Don Javier, padre de familia y trabajador infatigable de este negocio durante quince años. Hicimos de tripas corazón para comunicarle que prescindíamos de él. Luego vinieron otros recortes. La intención era quedarnos con lo estrictamente necesario. Aminoramos la producción, minimizamos hasta el límite los costes y, por supuesto, redujimos los salarios. Los trabajadores no tardaron en sublevarse pero no sucumbimos a sus presiones. Tras varios encuentros, logramos apaciguar los ánimos y continuamos con nuestra política de austeridad y optimización de recursos. Sin embargo, los beneficios empezaron a ser ridículos en comparación a lo que estábamos acostumbrados. Fue inevitable salir en busca de nuevos mercados. Ahora estamos empezando a reanudar el vuelo. A regañadientes hemos bajado los precios y nos hemos visto forzados a adulterar más la droga.
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MICRORRELATO: "Alumbramiento"

lunes, 19 de abril de 2010


Faltaban escasos segundos para que se cargara un archivo JPG almacenado en una tarjeta SDHC Ultra II de 8 GB conectada al PC mediante un cable USB cuando, inesperadamente, su CPU se fue al traste tras irse la luz. “¡Maldita sea!”-exclamó sacando con rabia la Blackberry del bolsillo con la intención de mandar un SMS a su jefe para comunicarle que no había podido enviar el documento. Su mujer tenía separados los ingredientes de un postre para introducirlos en la Thermomix pero ahora lo que quería era llegar a la despensa, donde creía tener una caja de cerillas y velas. Se le ocurrió que podía iluminarse con la pantalla de su móvil táctil COOKIE KP500 rosa. En cualquier caso, esperaba que la luz regresara pronto porque tenía unas ganas locas de ver con su marido una película AVI en el nuevo dispositivo Blue-Ray con HD preparado para HDMI. Comieron algo frío y se sentaron en el sillón. Luego vino el aburrimiento. En la vitrina, bajo el televisor Sony KDL-32BX300 estaban la Wii, la Play y la XBOX muertas de risa. Intentaron escuchar música en MP3 a través del iPOD pero tenían la lista a cero MB. Para colmo de males, la PDA se les había quedado sin batería. Fruto del desánimo, iniciaron una conversación sin ninguna importancia. Hacía tiempo que no estaban así, sin hacer nada. Hacía tiempo que no encendían las velas en el salón. El Cero Energético duró bastante. Nueve meses más tarde fue cuando llegó el alumbramiento. La llamaron Alicia.
 

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