Como siempre, salgo del garaje y giro en el primer cruce a la izquierda, sigo recto y llego hasta el semáforo que está en rojo. Voy mal de tiempo. La escasa luz alumbra levemente ese enorme y sempiterno cartel propagandístico, a pesar de sus innumerables rasgaduras. Han pasado tres años desde las últimas elecciones y parece que nadie quiere cambiarlo. Todas las mañanas leo como un autómata el premonitorio lema electoral que subraya una aborrecedora sonrisa. “Nosotros pensamos en ti” –fue el mensaje con el que ese tipo ganó mi voto. Hoy día, luce sus palabras descoloridas y la primera persona del plural se ha convertido en un separatista adverbio de negación.
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Como siempre, salgo del garaje y giro en el primer cruce a la izquierda, sigo recto y llego hasta el semáforo que está en rojo. Voy mal de tiempo. La escasa luz alumbra levemente ese enorme y sempiterno cartel propagandístico, a pesar de sus innumerables rasgaduras. Han pasado tres años desde las últimas elecciones y parece que nadie quiere cambiarlo. Todas las mañanas leo como un autómata el premonitorio lema electoral que subraya una aborrecedora sonrisa. “Nosotros pensamos en ti” –fue el mensaje con el que ese tipo ganó mi voto. Hoy día, luce sus palabras descoloridas y la primera persona del plural se ha convertido en un separatista adverbio de negación.
MICRORRELATO: "Mientras está en rojo"
sábado, 24 de julio de 2010
Como siempre, salgo del garaje y giro en el primer cruce a la izquierda, sigo recto y llego hasta el semáforo que está en rojo. Voy mal de tiempo. La escasa luz alumbra levemente ese enorme y sempiterno cartel propagandístico, a pesar de sus innumerables rasgaduras. Han pasado tres años desde las últimas elecciones y parece que nadie quiere cambiarlo. Todas las mañanas leo como un autómata el premonitorio lema electoral que subraya una aborrecedora sonrisa. “Nosotros pensamos en ti” –fue el mensaje con el que ese tipo ganó mi voto. Hoy día, luce sus palabras descoloridas y la primera persona del plural se ha convertido en un separatista adverbio de negación.
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MICRORRELATOS
Aquí estoy frente al test más importante de mi vida. La verdad, no veo suficiente capacitación en mí, apenas he estudiado sobre este tema. Algunos de mis amigos me han dicho que la vida es muy dura ya como para estar sobrecargándola. Que porqué quiero complicarla voluntariamente, que esto requiere mucho sacrificio. Lo cierto es que la primera parte del test ya está superada. Espero impaciente el resultado definitivo pero no se hace de rogar. Mi marido ha venido a abrazarme. Aun no lo creo pero entre él y yo hay una nueva vida. Ha aparecido la segunda raya color violeta.
MICRORRELATO: "Test"
domingo, 11 de julio de 2010
Aquí estoy frente al test más importante de mi vida. La verdad, no veo suficiente capacitación en mí, apenas he estudiado sobre este tema. Algunos de mis amigos me han dicho que la vida es muy dura ya como para estar sobrecargándola. Que porqué quiero complicarla voluntariamente, que esto requiere mucho sacrificio. Lo cierto es que la primera parte del test ya está superada. Espero impaciente el resultado definitivo pero no se hace de rogar. Mi marido ha venido a abrazarme. Aun no lo creo pero entre él y yo hay una nueva vida. Ha aparecido la segunda raya color violeta.
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MICRORRELATO: "Versus"
lunes, 5 de julio de 2010
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“Gepeto”, lo llaman cariñosamente sus amigos y quienes le compran mercancía. Es de los pocos que elabora maniquíes a mano con espuma de polietileno. Algunas tiendas de ropa exhiben en sus escaparates obras de “Gepeto” que maravillan a los viandantes por su extremo realismo. Como las de la calle Damstraat, en Ámsterdam, que han permanecido rigurosamente a la moda durante ocho años. Llama la atención, sin embargo, que desde hace algunos días, luzcan prendas tan estrafalarias y vulgares. Pero esto no es lo más desconcertante. Tras un cristal que conserva restos de carteles con la palabra “liquidación” en varios idiomas, dos de sus obras parecen haber cobrado vida.
MICRORRELATO: "Escaparates"
jueves, 24 de junio de 2010
“Gepeto”, lo llaman cariñosamente sus amigos y quienes le compran mercancía. Es de los pocos que elabora maniquíes a mano con espuma de polietileno. Algunas tiendas de ropa exhiben en sus escaparates obras de “Gepeto” que maravillan a los viandantes por su extremo realismo. Como las de la calle Damstraat, en Ámsterdam, que han permanecido rigurosamente a la moda durante ocho años. Llama la atención, sin embargo, que desde hace algunos días, luzcan prendas tan estrafalarias y vulgares. Pero esto no es lo más desconcertante. Tras un cristal que conserva restos de carteles con la palabra “liquidación” en varios idiomas, dos de sus obras parecen haber cobrado vida.
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Desde siempre te han gustado las plantas. Cuando eras tan solo una niña acompañabas a tu abuelo a la huerta para la siembra. Te encantaba la forma ondulada que tenían las hojas de las coles, competías en estatura con el maíz y trepabas por los manzanos para respirar hondo su aroma. Pasaron los años y estudiaste Botánica. Realizaste tu tesis sobre los procesos fotosintéticos de la laurisilva canaria sorprendiendo a propios y a extraños. En estos momentos, estás ante una nueva puerta, currículum en mano. En él, ni una línea sobre tu pasión por las plantas. Ninguna referencia a tu intachable formación académica. A punto de pasar el umbral, le pides a Dios que, al fin, este trabajo sea para ti. Avanzas por el pasillo y preguntas por el jefe.
-Soy yo, ¿en qué puedo ayudarte?
-Vengo por el anuncio que hay en la entrada.
-¿Experiencia en floristerías?
MICRORRELATO: "Escapatoria laboral"
miércoles, 16 de junio de 2010
Desde siempre te han gustado las plantas. Cuando eras tan solo una niña acompañabas a tu abuelo a la huerta para la siembra. Te encantaba la forma ondulada que tenían las hojas de las coles, competías en estatura con el maíz y trepabas por los manzanos para respirar hondo su aroma. Pasaron los años y estudiaste Botánica. Realizaste tu tesis sobre los procesos fotosintéticos de la laurisilva canaria sorprendiendo a propios y a extraños. En estos momentos, estás ante una nueva puerta, currículum en mano. En él, ni una línea sobre tu pasión por las plantas. Ninguna referencia a tu intachable formación académica. A punto de pasar el umbral, le pides a Dios que, al fin, este trabajo sea para ti. Avanzas por el pasillo y preguntas por el jefe. -Soy yo, ¿en qué puedo ayudarte?
-Vengo por el anuncio que hay en la entrada.
-¿Experiencia en floristerías?
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Era la primera vez que comparecía formalmente en un juicio. Lucía unas piernas perfectas, desnudas desde la mitad de los muslos, donde moría su falda de diseño italiano. “Ojalá tuviera una personación de estas todos los días” -pensó el juez agudizando tímidamente la vista para escarbar en el vertiginoso escote. “Usted propinó sendas cuchilladas a la víctima. ¿Nos podría decir por qué?” –inquirió el abogado con desdén. “Verá, yo creía que mi cliente había entendido el anuncio del periódico cuando llamó. Señal de que no fue así, fue su furiosa reacción una vez en la cama. Me tuve que defender, ¿comprende? Para cuando llegó la asistencia médica ya había fallecido. Y lo siento mucho, pero era él o yo”. El juez dirigió su incrédula mirada hacia el banco de acusados tras leer el pequeño recuadro en la sección de contactos. “Chic@ atractiv@ y travies@, nuev@ en la ciudad”.
MICRORRELATO: "Sección de contactos"
jueves, 10 de junio de 2010

Era la primera vez que comparecía formalmente en un juicio. Lucía unas piernas perfectas, desnudas desde la mitad de los muslos, donde moría su falda de diseño italiano. “Ojalá tuviera una personación de estas todos los días” -pensó el juez agudizando tímidamente la vista para escarbar en el vertiginoso escote. “Usted propinó sendas cuchilladas a la víctima. ¿Nos podría decir por qué?” –inquirió el abogado con desdén. “Verá, yo creía que mi cliente había entendido el anuncio del periódico cuando llamó. Señal de que no fue así, fue su furiosa reacción una vez en la cama. Me tuve que defender, ¿comprende? Para cuando llegó la asistencia médica ya había fallecido. Y lo siento mucho, pero era él o yo”. El juez dirigió su incrédula mirada hacia el banco de acusados tras leer el pequeño recuadro en la sección de contactos. “Chic@ atractiv@ y travies@, nuev@ en la ciudad”.
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En la inauguración de la muestra fotográfica están todos los esperados. Amigos, simpatizantes, críticos y miembros de la prensa. Las bandejas de canapés avanzan entre un mar de cabezas activadas en clave artística de las que surgen apreciaciones vehementes sobre la luz, el color, la profundidad y el enfoque. El autor de las fotos no deja de recibir palmadas en la espalda, halagos y apretones de manos. Sin embargo, hace unos segundos, la visión de un niño esparciendo helado sobre una de sus obras, le ha borrado la sonrisa. Se ha acercado a él para llamarle la atención y, rápidamente, se ha girado su madre pidiendo disculpas atropelladas. Ésta, no deja de limpiar el vinilo con un Kleenex y poco a poco, va reapareciendo la imagen. Se trata de un africano más de los que circundan las paredes de la exposición. Famélico, con la mirada hueca y moscas descansando sobre su piel. “Perdone al niño. Estos críos no saben lo que hacen” –dice ahora la mujer.
MICRORRELATO: "Forma y fondo"
sábado, 5 de junio de 2010
En la inauguración de la muestra fotográfica están todos los esperados. Amigos, simpatizantes, críticos y miembros de la prensa. Las bandejas de canapés avanzan entre un mar de cabezas activadas en clave artística de las que surgen apreciaciones vehementes sobre la luz, el color, la profundidad y el enfoque. El autor de las fotos no deja de recibir palmadas en la espalda, halagos y apretones de manos. Sin embargo, hace unos segundos, la visión de un niño esparciendo helado sobre una de sus obras, le ha borrado la sonrisa. Se ha acercado a él para llamarle la atención y, rápidamente, se ha girado su madre pidiendo disculpas atropelladas. Ésta, no deja de limpiar el vinilo con un Kleenex y poco a poco, va reapareciendo la imagen. Se trata de un africano más de los que circundan las paredes de la exposición. Famélico, con la mirada hueca y moscas descansando sobre su piel. “Perdone al niño. Estos críos no saben lo que hacen” –dice ahora la mujer.
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