Laura y Javier son invitados a visitar la casa de Marisa. Es una desconocida para ellos pero sus dotes de curtida anfitriona les hipnotizan. Recorren parsimoniosamente pasillos, salones, terrazas… “Esta es la zona chill-out” –comenta Marisa mientras Laura y Javier no quitan la mirada de una palmera enorme cuyo tronco atraviesa las cuatro plantas del edificio. Desde allí arriba las vistas cortan la respiración. Han perdido la cuenta de las puertas que ha abierto Marisa hasta llegar a la azotea y piensan que necesitarían un mapa para salir de allí solos. “Estos muebles son el último grito en oriente. Traje un container lleno desde el sur de Sumatra” –indica Marisa mientras se sienta en un sillón de piel y cruza las piernas elegantemente. Javier mira su reloj. Mañana ha de levantarse de nuevo temprano para probar suerte. No todos los días el patrón lo elige para ir a trabajar. Apagan la tele y la casa de Marisa se diluye entre humedades y muebles apolillados.
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Laura y Javier son invitados a visitar la casa de Marisa. Es una desconocida para ellos pero sus dotes de curtida anfitriona les hipnotizan. Recorren parsimoniosamente pasillos, salones, terrazas… “Esta es la zona chill-out” –comenta Marisa mientras Laura y Javier no quitan la mirada de una palmera enorme cuyo tronco atraviesa las cuatro plantas del edificio. Desde allí arriba las vistas cortan la respiración. Han perdido la cuenta de las puertas que ha abierto Marisa hasta llegar a la azotea y piensan que necesitarían un mapa para salir de allí solos. “Estos muebles son el último grito en oriente. Traje un container lleno desde el sur de Sumatra” –indica Marisa mientras se sienta en un sillón de piel y cruza las piernas elegantemente. Javier mira su reloj. Mañana ha de levantarse de nuevo temprano para probar suerte. No todos los días el patrón lo elige para ir a trabajar. Apagan la tele y la casa de Marisa se diluye entre humedades y muebles apolillados.
MICRORRELATO: "Casas"
martes, 19 de octubre de 2010
Laura y Javier son invitados a visitar la casa de Marisa. Es una desconocida para ellos pero sus dotes de curtida anfitriona les hipnotizan. Recorren parsimoniosamente pasillos, salones, terrazas… “Esta es la zona chill-out” –comenta Marisa mientras Laura y Javier no quitan la mirada de una palmera enorme cuyo tronco atraviesa las cuatro plantas del edificio. Desde allí arriba las vistas cortan la respiración. Han perdido la cuenta de las puertas que ha abierto Marisa hasta llegar a la azotea y piensan que necesitarían un mapa para salir de allí solos. “Estos muebles son el último grito en oriente. Traje un container lleno desde el sur de Sumatra” –indica Marisa mientras se sienta en un sillón de piel y cruza las piernas elegantemente. Javier mira su reloj. Mañana ha de levantarse de nuevo temprano para probar suerte. No todos los días el patrón lo elige para ir a trabajar. Apagan la tele y la casa de Marisa se diluye entre humedades y muebles apolillados.
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Claro, para ti es muy fácil decirlo. Tú, que tienes los días resueltos. Que tarareas cualquier dulce melodía mientras preparas el desayuno. Que estás llena de vitalidad a pesar de esas detestables nubes grises y este insistente frío. “Pero hombre, alegra esa cara”, me dices golpeándome el alma con tu sonrisa. No entiendes nada. No tienes ni la más remota idea de mi vacío existencial. “Piensa que esta noche nos toca ir al super”, me recuerdas en un desafortunado intento de motivación, antes de cerrar la puerta. Y aquí me quedo yo, una vez más, solo. Perdido en esta maldita semana huérfana. Sin fútbol. Sin toros.
MICRORRELATO: "Días huérfanos"
miércoles, 6 de octubre de 2010
Claro, para ti es muy fácil decirlo. Tú, que tienes los días resueltos. Que tarareas cualquier dulce melodía mientras preparas el desayuno. Que estás llena de vitalidad a pesar de esas detestables nubes grises y este insistente frío. “Pero hombre, alegra esa cara”, me dices golpeándome el alma con tu sonrisa. No entiendes nada. No tienes ni la más remota idea de mi vacío existencial. “Piensa que esta noche nos toca ir al super”, me recuerdas en un desafortunado intento de motivación, antes de cerrar la puerta. Y aquí me quedo yo, una vez más, solo. Perdido en esta maldita semana huérfana. Sin fútbol. Sin toros.
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De nuevo todas esas miradas llenas de ira acribillándome. Otra vez los insultos, las amenazas, la furia con la que me gritan que regrese a mi país. Intento que nada me intimide. El ensordecedor bullicio se intensifica con cada paso. “¡Fuera, fuera, negro de mierda” –logro escuchar con claridad, mientras me rozan algunos salivazos. Me muevo como una liebre atemorizada. Quisiera escapar de aquí pero no puedo, no debo. Corro al borde de la extenuación y salto queriendo alcanzar el cielo. Caigo al suelo y por un momento creo que me voy a desmayar. Me levanto aturdido y veo, entre una marea de abrazos, a todo el mundo puesto en pie. Agitan pañuelos blancos. “Abdourakhane, Abdourakhane”” –corean con cierta dificultad. Ha debido ser un gran gol.
MICRORRELATO: "Abdourakhane"
jueves, 16 de septiembre de 2010
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Mientras subía al estrado para recoger el premio, recorrió con sus manos temblorosas todos los bolsillos de la chaqueta, camisa y pantalón. Repitió el gesto en diferente orden, cada vez más torpemente. El minuto de agradecimientos se consumía y no encontraba la nota de ocho líneas que le había llevado un mes redactar. Frente al micrófono bajó los brazos en acto de rendición. “He de disculparme porque me hubiese gustado invitarles a cenar pero creo que he perdido la cartera”.
MICRORRELATO: "Minuto de gloria"
miércoles, 25 de agosto de 2010
Mientras subía al estrado para recoger el premio, recorrió con sus manos temblorosas todos los bolsillos de la chaqueta, camisa y pantalón. Repitió el gesto en diferente orden, cada vez más torpemente. El minuto de agradecimientos se consumía y no encontraba la nota de ocho líneas que le había llevado un mes redactar. Frente al micrófono bajó los brazos en acto de rendición. “He de disculparme porque me hubiese gustado invitarles a cenar pero creo que he perdido la cartera”.
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Me sorprendió su amor por las letras. Tan pequeñito y allí lo encontré, recorriendo lentamente las páginas de “El Quijote”, silueteando cada palabra y deteniéndose entre líneas, como si quisiera reflexionar las parábolas del ingenioso hidalgo. Tuve que hacer de tripas corazón para acabar con el bibliófilo intruso en mi colección de miniaturas.
MICRORRELATO: "Gusanillo por la lectura"
miércoles, 11 de agosto de 2010
Me sorprendió su amor por las letras. Tan pequeñito y allí lo encontré, recorriendo lentamente las páginas de “El Quijote”, silueteando cada palabra y deteniéndose entre líneas, como si quisiera reflexionar las parábolas del ingenioso hidalgo. Tuve que hacer de tripas corazón para acabar con el bibliófilo intruso en mi colección de miniaturas.
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Como siempre, salgo del garaje y giro en el primer cruce a la izquierda, sigo recto y llego hasta el semáforo que está en rojo. Voy mal de tiempo. La escasa luz alumbra levemente ese enorme y sempiterno cartel propagandístico, a pesar de sus innumerables rasgaduras. Han pasado tres años desde las últimas elecciones y parece que nadie quiere cambiarlo. Todas las mañanas leo como un autómata el premonitorio lema electoral que subraya una aborrecedora sonrisa. “Nosotros pensamos en ti” –fue el mensaje con el que ese tipo ganó mi voto. Hoy día, luce sus palabras descoloridas y la primera persona del plural se ha convertido en un separatista adverbio de negación.
MICRORRELATO: "Mientras está en rojo"
sábado, 24 de julio de 2010
Como siempre, salgo del garaje y giro en el primer cruce a la izquierda, sigo recto y llego hasta el semáforo que está en rojo. Voy mal de tiempo. La escasa luz alumbra levemente ese enorme y sempiterno cartel propagandístico, a pesar de sus innumerables rasgaduras. Han pasado tres años desde las últimas elecciones y parece que nadie quiere cambiarlo. Todas las mañanas leo como un autómata el premonitorio lema electoral que subraya una aborrecedora sonrisa. “Nosotros pensamos en ti” –fue el mensaje con el que ese tipo ganó mi voto. Hoy día, luce sus palabras descoloridas y la primera persona del plural se ha convertido en un separatista adverbio de negación.
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