Inventaron mil y una formas para impedirlo. Tenemos que seguir como sea, se decían una y otra vez, día tras día, semana tras semana, mes tras mes. Sin embargo, la situación era ahora insostenible y el desenlace no se pudo esquivar más. Sus tres hijos esperaban en el coche. Solo Pablo, el mayor, notó que ocurría algo cuando vio a sus padres agarrarse fuertemente las manos desnudas, antes de abandonar el aparcamiento. Giró su rostro hacia la ventanilla y, tratando de averiguar lo que sucedía, preguntó: “¿Qué es esa tienda de ‘compro oro’, mamá?
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MICRORRELATO: "Pasos ciegos"
viernes, 4 de mayo de 2012
Qué pena da verlo caminar por la calle Real Felguera. Qué Pobre. No quisiera verme en su piel. Ciego. Ignorando el intenso color de los orondos melocotones de la frutería Esteban. Pasando de largo al llegar al jardín de esbeltos girasoles, a la altura de la farmacia Andrade. Cómo disfrutaría contemplando los tupidos almendros en flor en esta época, sentado en la terraza San Dámaso, mientras Virginia sirve cualquier excusa para poder dedicarle una furtiva mirada a su siempre generoso escote. Qué lástima. Ahí avanza lentamente, ajeno a la exposición itinerante de fotos y piezas antiguas. Sin embargo, al doblar la esquina ocurre el milagro. Un simple gesto le devuelve la vista. Como siempre, antes de arrancar el coche, abandona por unos minutos su iPhone 4.
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MICRORRELATO: "Pasiones"
jueves, 26 de abril de 2012
Hoy te empeñas en que debemos permanecer juntos, en que es necesario retomar el diálogo, salir a pasear, respirar la dulce maresía y recordar cómo nos enamoramos. Hoy ha sido el día escogido para besarme, para tomarme de las manos y mirarme a los ojos sonriendo. Un día y una noche para hacer promesas, para imaginarnos ancianos, con la pasión aún latente. Hoy. Cuando no encuentro fuerzas para seguir adelante. Cuando todo ha terminado aunque tú lo ignores. Me preguntas si te sigo queriendo. Maldito segundo. Pero, ¿por qué? ¿Por qué nunca pasamos de semifinales?
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MICRORRELATO: "Crónica de un ateo"
sábado, 7 de abril de 2012
Te despiertas y recuerdas que debes tocar el suelo con el pie derecho. Luego pasas tu mano por la mesilla de madera. Antes de desayunar, colocas correctamente todos los cuadros que encuentras torcidos. Tu mujer estornuda y le diriges un enérgico “Jesús”. Ya, en la mesa, volteas los panes que ves boca abajo. Mira que se lo tengo dicho, murmuras. Terminas de comer y te diriges a la puerta. Detrás de ella colocas la escoba al revés. Compruebas que llevas la pata de conejo en el bolsillo de la solapa y la ramita de perejil en la cartera. Caminas por la acera bien atento a que ningún gato negro ose cruzarse en tu camino. Te topas con una masiva procesión de Semana Santa y decides entrar en el primer bar que sale a tu paso. Pides una copa de vino y procuras no derramar una sola gota. Miras hacia la calle y te preguntas cómo toda esa gente de fuera puede creer en semejantes tonterías.
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MICRORRELATO: "No, pero sí"
domingo, 25 de marzo de 2012
Oye, gracias por invitarme a ir contigo pero tío, así me voy cuando quiera, me entiendes. ¿Hiciste pancartas? Yo llevo un par de ellas en el asiento de atrás, no te preocupes. Estos tipejos nos van a oír. Menuda panda de sinvergüenzas. Les dicen que aquí puede haber petróleo y son como aves carroñeras, pero esta manifestación les va a acojonar, ya verás. Nunca había visto la autopista tan colapsada para entrar a la capital. Oye, creo que te acabo de ver pasar. ¿También vas sólo, no?
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MICRORRELATO: "Malabares"
jueves, 1 de marzo de 2012
Al payaso le toca realizar el “¡más difícil todavía!” de su espectáculo malabar cuando recoge los bártulos y abandona ese stop junto al semáforo. Con un par de monedas, un día más, se las ingenia para sacar adelante a su mujer y a sus tres hijos.
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MICRORRELATO: "Vicios"
miércoles, 22 de febrero de 2012
Un padre tenía cuatro hijos y una hija. La pequeña quería ser profesora, el mayor, enfermero, el que le seguía, pintor, el otro científico y el último ni lo tenía claro, ni daba palo al agua. Cuando el padre repartía la paga del fin de semana entre sus cinco querubines, lo hacía de forma escrupulosamente equitativa. Pero el vástago de vocación difusa urdía las más rebuscadas artimañas para hacerse con las escasas moneditas de sus hermanos. Al padre le preocupaban aquellos instintos ladronzuelos y cualquier recurso pedagógico acababa frustrado. Hoy día, sus talludos retoños son lo que soñaban, sin embargo, la oveja negra de la familia continúa con sus viejos vicios. Rodeado de compañeros de partido, le sigue robando a su hermana profesora, a su hermano médico, al pintor y al científico.
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